Título original: Habitación en Roma (Room in Rome)
Año: 2010
Duración: 109 min.
País: España
Director: Julio Medem
Guion: Julio Medem (Idea: Julio Rojas)
Música: Jocelyn Pook, Russian Red
Fotografía: Álex Catalán
Reparto: Elena Anaya, Natasha Yarovenko, Enrico Lo Verso, Najwa Nimri
Productora: Morena Films / Alicia Produce
Género: Drama. Romance | Erótico. Homosexualidad. Remake

Room in Rome. Lo inconfesable.

Cuando la crítica viene encontrada no es fácil decidirse a ver un film, más allá del atractivo casi colectivo del leitmotiv. Pero un buen pasado en el director y algún que otro premio aceleran la decisión. Es un círculo -empieza y termina en el mismo lugar, o un cuadrado – esa cómplice habitación, o un espiral, un infinito, un empezar y concluir a cada estado de ánimo, a cada conversación que surja, a cada estímulo recibido o no, en definitiva a lo que una mujer con su compleja esencia dual, diversa, neurótica, es.

Dos mujeres, una española, una rusa, de vacaciones en Roma, se conocen en un bar, se atraen y deciden ‘no conversar’ – como lo dice el personaje de Alba – en la habitación del hotel de una de ellas.

Y si que conversan. Y son mujeres. El film no pierde tiempo y comienza con el atractivo argumento de entrada. Y a través de diálogos sencillos, auténtico, concretos, tímidos, histéricos e inmaduros va tejiéndose una relación erótico-amorosa entre ellas (una lesbiana, la otra no) plagada de belleza, desde lo estético del film, sus cuerpos tallados a la perfección, hasta la magia de una supuesta ciudad que no vemos pero imaginamos, la ideal a un amorío colmado de seducción pura y exclusivamente desde la mirada femenina.

Que no hay sexo denodado, sino exquisito y natural. Que el director muestra lo justo y necesario para que el espectador comprenda el universo femenino desde el lugar de la dulzura, de la atracción un tanto espiritual que se produce en almas con un alcance más allá del placer por mera satisfacción, después de un par de copa y antes del enamoramiento constante. De un sexo trabajado desde una situación que se traduce en realidad pura y no banquetes ilusorios para mentes hambrientas de lo alevoso, sino para plasmar la percepción de que el amor es un arte, el arte es la femineidad, la femineidad es entrar en un trance, en este caso, de una hora y media entre la fantasía y la realidad del amor erótico, esa magia, ese lirismo envolvente y definido que planteó el filme de manera extrema, que perturba y sofoca por el exclusivo temor que se vulnere.

La cámara nunca sale de la habitación en cuestión, allí las espera y desde allí las vemos ‘seguir’. El espectador es un cómplice, un voyeur, y lo que es más aún, el film logra que el público, paulatinamente, comience a fundirse en esa atmósfera íntima y envolvente. Crear una atmósfera tan cercana que en el clímax y resolución del film sean cuatro los protagonistas, las dos jóvenes, la habitación y el ya a esta altura parcial espectador.

Un escenario muy teatral, colmado de flores, pinturas, cargado y desnudo a la vez. Al servicio de las situaciones que se van presentando en una larga noche. Donde hay charlas cubiertas de elementos que las impulse, esos estímulos que toda mujer busca en pos de una ceremonia tan sagrada como son las largas conversaciones en los diferentes estados de ánimo con otra mujer. Y escenarios despojados, cuando se trata de llevar a los hechos esas ganas de vincularse desde otro lugar con la otra parte, la parte tuya, la que ves, la que ve la mujer en otra mujer, la parte de que carece, la parte oscura, la que desea ser, la que es, la que busca, la que encuentra, la parte de la que a la larga se trata todo este revuelo.

Por momentos el film se hace una historia erótico-amorosa entre dos mujeres, por momentos es la fusión de dos conciencias en busca de algo más allá de una historia homosexual. Ahí es justamente donde la película se certifica como una obra de ensueño, de ‘fantasía’ -ya la protagonista menciona varias veces esta palabra- llevada a cabo en esa habitación testigo que por un querer del director nos deja con la corazonada de una vida posible más allá de la concreta y real que existe.

La narración se vuelve cómoda y atrapante, creciendo en un tímido suspenso o en las ganas que genera de un ‘happy ending’. Y un a música que a veces acompaña y otras supera a las protagonistas echando más leña al fuego y favoreciendo la certeza de ese universo femenino inconfesable para la mayoría de los aprensivos mortales.

A fin de cuentas, es solo una película, y cada cual verá en ella lo que podrá y ojala pueda mucho.

Autor: Pepis @rossbolena
Autor: Pepis
@rossbolena

(8)

Habitación en Roma

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